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lunes, 3 de enero de 2022


El despertador sonó, como siempre que entro a trabajar temprano, a las 4:20 a.m. Pero no me levanté de la cama sino hasta las cinco y diez para ir a bañarme. Mi mamá ya se había levantado y estaba terminando de prepararme el desayuno, unas tajadas fritas con trozos de salchicha ranchera y arroz y carne que había quedado de la cena. Hice la encuesta de salud en el celular y le pedí a mi mamá que me diera los pasajes para la moto. Normalmente me voy para el trabajo en mi bicicleta, pero ahora está algo dañada y no puedo manejarla bien. 

-¿Cuánto necesitas? 

-Siete mil pesos. 

-¿Por qué no das seis mil. 

-Ya están cobrando ocho mil pesos. 

Me dio los siete mil de ida, mas no los de vuelta; yo tampoco se los pedí. 

No recuerdo qué horas eran cuando salí, pero aún estaba oscuro afuera. En la entrada sólo había una moto parqueada, no parecía ser de la estación: no llevaba el buzo distintivo con el nombre del conjunto. El mototaxista estaba distraído mirando su celular y, al parecer, no se percató de mí. Caminé hacia a la avenida y esperé. Al ratico logré parar una moto. Le pregunté al man que por cuánto me llevaba hasta Contecar, y me respondió con otra pregunta habitual: 

-¿Cuánto paga hasta allá?

Por ser año nuevo le dije que siete mil. El año pasado pagaba seis mil. Cada nuevo año todo sube de precio, supongo que el pasaje en moto no es la excepción. 

-Vamos -dijo el tipo, y me monté.


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