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lunes, 10 de diciembre de 2018

Tentativa de relato


J., un amigo de toda la vida, me llamó por teléfono la semana pasada. No lo identifiqué en el acto porque la pantalla de mi alcatel está dañada y no se ve nada; sé quién me llama sólo después que contesto.

-¿Aló?

-Aló.

En vez de preguntar quién era, dije:

-¿Sí?

-Nojoda C., qué más, qué andas haciendo -reconocí la voz gruesa de J. al otro lado de la línea.

-Man, diligencias. Y ¿tú qué?

-Papi todo bien, aquí en el pueblo. Mi mamá me dijo que no te ha visto más correr en las mañanas. ¿Dónde estás?

-Acá en Cartagena. Me vine desde hace ya varios días.

-Hey, tenemos que hablar. Hace rato que no hablamos. Estoy trabajando en la gobernación. Es sólo por unos meses, pero algo es algo.

-Me alegra, man. Apenas regrese llego a tu casa. De pronto viaje mañana o pasado mañana.

-Yo voy a estar aquí hasta el martes. Pero llama cuando vengas a la casa, porque a veces estoy donde la suegra. Tenemos que echar la hablada.

-Todo bien que eso va.

-Quedamos así entonces.

-Ya.


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