"Hasta que nació la idea de este libro, nunca había pensado demasiado en mi
sexualidad. Sin embargo, era consciente de haber tenido relaciones múltiples a una edad
precoz, lo que no es muy habitual, sobre todo en las chicas, al menos en mi medio social.
Perdí la virginidad a los dieciocho años —lo cual no es especialmente pronto—, pero
participé por primera vez en partouzes en las semanas siguientes a mi desfloración. No fui
yo, naturalmente, la que entonces tomó la iniciativa, pero sí la que precipitó la situación,
algo que para mí sigue siendo inexplicable. Siempre he considerado que las circunstancias
habían puesto en mi camino a hombres aficionados a hacer el amor en grupo o a mirar a su
compañera haciendo el amor con otros hombres, y la única idea que tenía de mí misma en
esta materia era que, siendo de natural abierta a las experiencias y no viendo en ellas
ninguna traba moral, me había adaptado de buena gana a las costumbres de mis
compañeros. Pero nunca he extraído teorías al respecto, ni he sido nunca, por tanto, una
militante."
"Las veladas que Víctor ofrecía con motivo de sus cumpleaños eran las que más me
impresionaban. Había en la entrada de la propiedad guardias con perros que hablaban por
walkies-talkies, y el gentío me intimidaba. Algunas mujeres se habían ataviado para la
ocasión, llevaban vestidos o blusas transparentes que yo envidiaba, y yo me mantenía
aparte durante todo el tiempo en que la gente llegaba y se reunía bebiendo champan. No
me encontraba a gusto hasta que me había quitado el vestido o los pantalones. Mi
verdadera ropa, que me protegía, era mi desnudez."
"Tumbada, podía recibir las caricias de varios hombres mientras que uno de
ellos, erguido para despejar espacio, para ver, se activaba dentro de mi sexo. Me tironeaban
a cachitos; una mano frotaba con un movimiento circular y cuidadoso la parte accesible del
pubis, otra rozaba ampliamente todo el torso o bien prefería excitar los pezones... Mas que
las penetraciones, me deleitaban esas caricias, y en particular las de las vergas que se
paseaban por toda la superficie de mi cara o frotaban el glande contra mis pechos. Me
gustaba mucho atrapar al vuelo una polla con la boca y deslizar mis labios sobre ella
mientras otra se acercaba a reclamar su ración por el otro lado, en mi cuello tenso. Y girar
la cabeza para apresar la nueva. O tener una en la boca y otra en la mano. Mi cuerpo se
abría mas por efecto de esos toqueteos, de su relativa brevedad y su reanudación, que por
el de las cópulas."
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