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viernes, 19 de abril de 2019

Un asunto vulgar - Arkady Avérchenko



Ahorita leí por internet un cuento de Arkady Avérchenko -autor ruso del que apenas conozco nada- llamado "Un asunto vulgar".

La historia: por una fría calle de alguna ciudad rusa, en la noche antes de Navidad, un pintor y un escritor se dirigen a una fiesta infantil en casa de un amigo editor (probablemente la hija de este cumple años. Pero ¿es en serio?, ¿van para una fiesta infantil?). En el camino se encuentran a un niño que tirita de frío. El niño es un pobre huérfano que no tiene a nadie en el mundo, sólo la caridad de las personas de buen corazón. Al verlo, el pintor y el escritor comienzan a divagar sobre este hecho. Lo interesante de la conversación es que ellos no centran su atención en la realidad del niño. Antes de encontrarlo, el escritor venía hablándole a su amigo sobre la escritura de cuentos navideños; le decía al pintor que los cuentos de Navidad eran difíciles de hacer. Porque, según él, había que desarrollar un tema vulgar, un tema en el que episodios trágicos de la vida apelaran al sentimentalismo para hacernos condoler, cosa que miraba con extrema reticencia. El asunto vulgar del cuento es la situación de aquel niño muriéndose de frío en la calle, ante la cual los personajes se muestran, por decirlo de alguna manera, "asqueados", sobre todo el escritor (el pintor le insta para ayudar al niño, pero el escritor le dice en pocas palabras: no somos las hermanas de la caridad). Y simplemente se van, dejando al pequeño en una muerte segura. Como si el hecho de ayudarlo fuese a resolver el problema. "No". Esto lo pensaría el escritor, cuya actitud, indolente y despectiva, es la característica más visible y espantosa de la gran civilización. Del hombre mismo.

Al leer "Un asunto vulgar", me fue inevitable pensar en Dostoievski, quien tiene un cuento titulado "El niño ante el árbol de Navidad". En él trata, precisamente, el tema del niño huérfano que se muere una noche en las heladas calles de Petersburgo, la víspera de Navidad. Dostoievski, por el contrario, hace que nos condolamos de su niño. Nos lleva con él a través de las sensaciones que experimenta; nos llena de tanta emotividad que uno siente el frío que él siente, su hambre, recibimos los golpes que le propinan algunas personas mientras ve por las puertas o las ventanas de las casas. Sufrimos lo que el personaje y estamos a la expectativa de lo que pueda suceder. Pero el tono fatalista del relato, las descripciones, todo, poco a poco nos va resignando, nos va anestesiando el ánimo, preparándonos para lo peor, y lo peor ocurre. El niño muere cuando se queda dormido en un lugar donde, si mal no recuerdo, hay maderos de leña. Él sueña con la madre de Jesús, que se lo lleva para el cielo y allá encuentra la compañía de otros niños ante un inmenso árbol de Navidad.

El autor de "Un asunto vulgar" se burla de esos cuentos sentimentales. Se burla de Dostoievski. Poco importan las tragedias de la gente más desfavorecida; este tipo de historias no conmueven a personas como las que ellos, los protagonistas, conocen; personas que están arriba en la escala social. "No, más vale no contarlo. ¡Un niño que se muere de frío! ¡Qué vulgaridad! Es una cosa que no puede tomar en serio ninguna persona dotada de un poco de gusto literario". Son las palabras de Dojov, el escritor. En el cuento, Dojov había escrito ya historias de navidad, en donde podía encontrarse  ese mismo niño huérfano como protagonista. Y ahora que pasaba con Poltorakin por aquella calle lo tenían frente a sus narices, en carne y hueso. Pudieron ayudarlo y, sin embargo, no lo hicieron. ¿Por qué? Con sólo que lo hubieran contado a sus amistades, se habrían reído de ellos. 

He averiguado de Wikipedia que Arkady Avérchenko, conocido como "El Rey de la Risa", fue uno de los escritores satíricos más populares de la Rusia de los años previos a la Revolución de 1917.


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