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viernes, 3 de abril de 2026

Neurosis



"El proceso creador no es doloroso, aunque sí es un trabajo duro. Escribir es una ocupación muy absorbente y, a veces, agotadora. Uno siente, antes que nada, el imperativo de ordenar los hechos que uno observa y darle significación a la vida; y junto con eso va el amor a las palabras por las palabras mismas y el deseo de manejarlas... No creo que la capacidad creadora sea un síntoma neurótico. Por el contrario, el neurótico que logra triunfar como artista ha tenido que vencer una tremenda desventaja. Crea a pesar de su neurosis, no gracias a ella."

Aldous Huxley

viernes, 26 de diciembre de 2025

Autobiográfico


Tengo dudas de cómo llamar ese relato. Hay varios títulos en mente pero ninguno me satisface. Lo escribí porque necesitaba matar a la persona que había sido, para no hacerlo yo.

domingo, 1 de junio de 2025

BRINDO


Por todos aquellos que se la jugaron
Por todos los que han estado
Delante de mí
A muchos les debo 
Que hayan salvado
Mi vida
Levanto mi copa de vino
Brindo por sus agallas
Su temple
Su talento
A la hora de escribir
Su afán de no rendirse
Por todo lo que han dejado
Salud

martes, 4 de febrero de 2025

DALTON


<<Tu mamá me envió una foto
donde está ella con Dalton>>,
me dice mi mujer desde
la sala del apartamento 
mientras yo estoy en el cuarto.
<<A mí también me la mandó>>,
le digo. Mi mujer comenta:
<<¿Sabes lo triste que tu mamá
sería si no tuviera a Dalton?>>
Me deja pensando un momento.

En la foto, tomada con su celular,
mi madre aparece junto al perro, 
un cruce de labradora y lobo.
Ambos miran a la cámara,
ella sonreída y él todo serio.
Es un perro muy inteligente.
Mi madre lo ama, él la cuida, 
la quiere como yo no he sabido 
quererla, y mi padre tampoco.

sábado, 28 de diciembre de 2024

Tercer mundo



Es triste y desesperanzador saber que en Latinoamérica no hay revistas independientes serias, respetables, a las que poder enviar tus textos inéditos; que publiquen autores desconocidos, y si no, que al menos te devuelvan una nota de rechazo. Esos fracasos con respuesta pueden ayudar de alguna u otra forma. Pero ni siquiera eso. Odio vivir en este Tercer Mundo Desolador Miserable Infernal.

domingo, 22 de diciembre de 2024

Un übermensch malogrado

Reseña de Mañana, cuando encuentren mi cadáver, novela de Adolfo Ariza Navarro.




Hace años estaba yo en el centro de la ciudad y, al cruzar una avenida, vi una señora de avanzada edad, humilde, que iba en un estado deplorable: llevaba muletas y caminaba con mucha dificultad, pues tenía una pierna enyesada. Yo me le acerqué y traté de ayudarla a cruzar por la cebra. Pero ella, con una expresión dura en su rostro arrugado, apartó el brazo y vociferó una serie ininteligible de vulgaridades. No tuve más remedio que seguir mi camino. Me di cuenta de cuánta amargura había en su alma, cuánto dolor, cuántos golpes de la vida habría recibido aquella mujer para despotricar así. Bueno, esto viene a cuento porque al pensar en el protagonista de Mañana, cuando encuentren mi cadáver, aunque son casos distintos, en los dos habita el mismo rencor, la misma rabia, la misma impotencia de su situación.

El protagonista de Mañana... es quien narra la historia. Pero él sería más bien un no-protagonista, porque, debido a un accidente de tránsito que lo dejó inútil, ya no puede tomar parte en la vida, y la observa, la analiza desde una silla de ruedas. Es incapaz de comunicarse, una afasia motora lo aísla del mundo. "Dentro de mí, pensamiento y palabra no concuerdan. Lo que sale de mis labios no es lo que suelo pensar ni lo que espero decir. Lo que pienso y desearía decir, siempre es peor. Hay alguien que lleva las riendas dentro de mí. No me deja expresar. Me mantiene frenado, como con una rienda de caballo". Adolfo Ariza utiliza la técnica del monólogo interior para meternos en la mente del anónimo sujeto. Y desde allí lo vemos, o mejor, lo escuchamos dinamitar la realidad, volarla en miles de pedazos. García Márquez dijo una vez en una entrevista que su mayor deseo era observar la vida desde la muerte. Este parece ser un buen ejemplo de ello. Es como si se mirara el mundo a través del orificio de un ataúd, o de una pared, tal como el protagonista mirón de Infierno, de Henri Barbusse. Nada conforme, sopesa y juzga desde una perspectiva individualista, anárquica, contraria a toda convención social; lo hace con una mueca burlona y mordaz en el rostro, develando todo el absurdo cotidiano que los demás ponen en marcha de forma maquinal.

Su mirada lúcida se pasea por las calles de su ciudad, de su barrio y su gente. Disecciona un mapa moral de los modelos de comportamiento que a simple vista son normales en una sociedad, pero en cuyo fondo subyace la locura. Acaso él también pudiera estar loco. Sus reflexiones nos muestran ese lado de la moneda que nadie quiere o querría contemplar, por ser demasiado outsiders. Es un cabrón, pero, pobre hombre. Si su esposa, la mujer que lo tiene a su cuidado, pudiera comprenderlo, quizá encontrara un triste paliativo para su profundo dolor; sin embargo es la que menos lo entiende cuando trata de decirle algo. La considera una imbécil, entre otras cosas porque se mantiene a su lado aún después del accidente. Ella le dice que él haría lo mismo si estuviera en su lugar. Él se burla de su ingenuidad. Claro que no lo haría. Estando así, su esposa está más tranquila y hasta se alegra porque ya no puede tener amantes. Era un tipo promiscuo, dueño de un buen trozo de carne, por el cual su pena no fuese tan amarga si no hubiera sido una de las víctimas del siniestro.

Este übermensch malogrado de la costa caribe colombiana, sin voluntad de poder, cita a Nietzsche como si tal cosa y es capaz de señalar una falla lógica del filósofo alemán. Su vasta cultura no impide que se exprese con groserías. Es un patán, y también un suicida nato. Antes de la tragedia se fumaba a diario una cajetilla y media de cigarrillos. Después que ocurrió, un día se iba a cortar el cuello con un cuchillo, pero su mujer le tiró una plancha para salvarlo y le partió los dientes. Lo que no hizo más que enfurecerlo y que le gritara "hijueputa", la palabra que mejor le salía. En sus apreciaciones no se ahorra las malas palabras y los insultos. Cerdo para referirse a un vecino; estúpida para referirse a su mujer; culo y cogida en una disquisición sobre la vida. El estilo agrio y cáustico, terriblemente realista de este hombre es el que marca el tono de la novela. Y, como dice Villón en aquella balada de las contra verdades, en su furia no le falta razón. Dice, por ejemplo, que la principal causa de infelicidad en las personas es porque hacen lo que no les gusta. Vivimos rodeados de gente que odia su trabajo y no se atreven a seguir sus ideales por miedo y porque en muchos casos iría contra las reglas del rebaño. Claramente algunos de sus postulados, en los que la supervivencia del más fuerte por medio de la violencia marcaría la pauta, trastornarían a la sociedad.

Otros aspectos que vertebran la historia son los apartes de la vida del Libertador que el personaje leyó en el Diario de Bucaramanga, de Luis Perú de Lacroix, el general que batalló en los ejércitos de Napoleón Bonaparte y del mismo Simón Bolívar. La novela abre con una cita suya, que es en esencia una nota de despedida. Tras varios avatares políticos, Lacroix regresó derrotado a Francia, su país de origen, y se dio muerte. En la casa del personaje hay un cuadro de Lacroix, o "Lacruá" (así escrito en la novela, tal como se pronuncia) al que cuando observa parece burlarse de él, como un espejo que le recuerda lo cómico de su propia miseria. Por lo demás, pueden llegar a aburrir los capítulos donde se larga a teorizar sobre la sociedad y la política, parrafadas de género ensayístico que tienden a ralentizar la historia, y lo tornan algo dogmático, prepotente, como esos predicadores religiosos que posan de máximos poseedores de la verdad. No obstante, refuerza en el personaje su visión del mundo, le da coherencia. Todos a su alrededor excepto él están sumidos en la oscuridad. Hacia el final descubrimos que como humanos tendemos a subestimar a los demás, lo cual es un error capital. La vida te da sorpresas...

El día de mañana encontrarán su cadáver, tal vez muerto de muerte natural, tal vez muerto por mano propia, harto del hastío de una vida mutilada. No cualquiera empatiza ni se aguanta un tipo así. Lo mejor que podemos hacer es tratar de comprenderlo. Recuerdo que cuando leí la obra (la encontré gratis en internet, estaba en formato de Word) por recomendación de una compañera de universidad, me produjo una honda impresión, tenía un lenguaje llano de frases cortas, nada recargado ni artificioso; desde mi entonces limitada experiencia lectora, sentí que había encontrado una joya. Ahora que la he vuelto a leer (otra vez por internet), sigo pensando igual. Esta nouvelle fue ganadora del premio de novela corta Juan Rulfo, otorgado por Radio Francia Internacional en el año 2009. Por diversas razones, se publicó de manera oficial en 2015. La he buscado pero desafortunadamente no se encuentra en las librerías de mi ciudad. Fácilmente puedo prestarla en la biblioteca, pero quisiera tenerla para mí. Hace tiempo le escribí al autor un email donde le preguntaba por el libro. Ahora que lo pienso, esa no fue sino una excusa para hablar con él. Qué iluso. Le pedí todos sus libros. No sé dónde leí que lo mejor que uno podía decirle a un escritor que admira es pedirle todos sus libros. El primer email lo respondió; el siguiente lo ignoró. A los dioses no hay que molestarlos. Si no encuentro ese libro, quizá lo preste en la biblioteca y haga la de Roberto Bolaño: robarlo.

domingo, 24 de noviembre de 2024

GOLERO


Foto de Joana Ribeiro Sabino



Tarde de domingo.
Me acabo de despertar
pero es como si aún 
estuviese dormido.
Limpio la seca legaña 
de mis ojos embotados.
No tengo nada que hacer;
bien podría seguir durmiendo.

Agarro un libro de poemas
junto a mi cama, recojo
la cortina de la ventana, 
la luz invade el cuarto,
deslizo la hoja de vidrio
y me acuesto de nuevo, 
esta vez a leer. 

Pero no estoy en el poema.
Lo leo sin atención.
Me pierdo en él.
Me detengo. Miro
a través del vidrio 
de la ventana. El cielo 
es un diamante en bruto, 
su empañado brillo ciega 
mis ojos embotados, 
a la vez que una música 
popular de pick up
penetra en la estancia 
como un cuchillo: 
suena una champeta.

Pienso en otra noche más 
desperdiciada, zampado
en las redes sociales.
Y ¿así quiero ser escritor?

Fuera, 
ante la ventana abierta
una turba de mosquitos 
sobrevuelan borrachos, 
desesperados; en el aire
se arremolinan, zigzaguean
sin decidirse a entrar.
Más allá veo 
una lejan
ave negra ascender,
lentamente, en espiral 
bajo el cielo gris, 
como un surfista en la playa
a punto de comerse una ola.
Es un golero, 
súbdito de la muerte.

Cierro la ventana,
no vengan a meterse 
los mosquitos.
 
Continúo la lectura.

sábado, 23 de noviembre de 2024

ASPIRANTE A ESCRITOR

   
"Leer. Era una costumbre que tenía desde el bachillerato. Fue por eso que entró a estudiar la carrera de letras en la universidad. Estando allá se le dio también por escribir. Incluso asistió a un grupo literario y se matriculó en un curso de escritura creativa, pero en el primero, luego de unas pocas sesiones se desanimó y descubrió que en medio de esa bandada de aves de corral no iba a aprender, y en las clases del curso de escritura se la pasó escuchando las estulticias que la profesora de literatura solía contar, no lo que necesitaba saber: bibliografía, técnicas de escritura, construcción de personajes, etcétera. Y al final de la carrera se aisló de tal manera en su caótico mundo interno que entró en la órbita de la procrastinación, su tesis de grado se estancó, no porque quisiera sino porque no podía concentrarse, así que decidió ponerse a trabajar. Llevaba en ese son alrededor de once años, postergando lo impostergable. Había hecho todo tipo de trabajos informales y casi nadie lo contrataba formalmente, ya que le pedían experiencia certificada. En todo el tiempo que estuvo varado sólo dos empresas lo habían contratado. En una fue domiciliario de pollo frito, donde duró tres meses y renunció. En la otra fue estibador en el puerto y duró poco más de un año; y habría seguido trabajando allí si no fuera por el accidente que tuvo."
    

sábado, 16 de noviembre de 2024

COLOMBIA, UNA SELECCIÓN DE PECHOS FRÍOS



Parece una historia de nunca acabar. Ni siquiera es reciente. Viene desde la época del Pibe Valderrama y compañía. Siempre es lo mismo. Juegan como nunca y pierden como siempre. ¿Todo por qué? Un despiste, exceso de inocencia, en fin. Los jugadores colombianos no parece que fuesen del continente americano, esta tierra donde una raza autóctona es capaz de mostrar lo que sólo ella puede: la malicia indígena. Ayer, al ver el partido de Colombia ante Uruguay, me convencí de que por las venas de aquellas inocentes mariposas cafeteras no corre sangre vernácula.
No vale la pena describir el minuto a minuto del partido. Empezaron bien, aparentemente, con una tocata ejemplar, ejemplar. Vaya. Uruguay no tenía nada. No tenía creación de juego. Colombia se plantaba como dueño y señor, pero a algunos de sus jugadores insignes no se les veía el nivel a que nos tienen acostumbrados, como Davinson Sánchez, Daniel Muñoz y hasta el novato de Juan C. Portilla, quien reemplazó a Jefferson Lerma, dejó muchas dudas. Colombia no tiene recambio. Y los titulares normalmente no están en óptimas condiciones. Eso se ve en cada partido. Si alguno falla en su actuación, los demás no dan abasto, porque Colombia no es un equipo que tenga, ahora, individualidades que vayan a solucionar partidos. Si una de las piezas falla, todo lo demás se derrumba. Lo vimos en la final de la Copa América, cuando un dormido Carlos Cuesta dejó pasar al delantero argentino y nos cobraron factura.
El gol de Juan Fernando Quintero, que no es titular, llegó mientras más estaban jugando bien y, sin embargo, fue en una pelota parada. Lo lógico era un centro al área chica, puesto que el ángulo más adecuado para patear directo al arco le convenía a un diestro, y él es zurdo. Pero pateó por fuera de la barrera y el balón se enroscó hacia la base del primer palo. Qué felicidad de gol.
La felicidad no duró mucho. En el segundo tiempo empezaron a notarse los huecos defensivos, las llegadas a destiempo de Muñoz, las falencias de Sánchez y Lucumí. Johan Mojica se comportó con valor en todo momento. ¿Y Jhon Arias? Había desaparecido en el medio campo y sólo se supo que estaba jugando cuando el técnico lo sacó. Lo acompañaban Richard Ríos, a quien se le veían más ganas que juego en sí, y Quintero. Arriba Luis Díaz quería comerse el mundo y se lo comieron a él. Y Jhon Durán tampoco hizo nada, salvo una jugada en la que casi marca gol si no fuera porque el portero uruguayo metió la mano.
Todo parecía ir sobre ruedas hasta que vino el autogol de Davinson Sánchez. De ahí en adelante vimos en acción a la garra charrúa. Su fuerza y empuje nos dice que no basta jugar bien para merecer un resultado; que en el fondo es lo de menos. Prevalece la malicia, todo cuanto perturbe la concentración del oponente. Y eso le sobra a Uruguay.
¿A qué se deberá tanta inocencia del jugador colombiano? Los demás goles lo que hicieron fue abrir más la herida que nos duele. El técnico argentino no se queda atrás. Decidió meter a Jerry Mina, a nada más y nada menos que al invisible de Santos Borré y a un desconocido Gómez que, no obstante, hizo posible el segundo gol de los nuestros. Pero, ¿hasta cuándo? Sólo Dios sabe. Si nuestra selección quiere coronarse como una de las mejores del mundo, estos son los partidos que hay que ganar, porque no son partidos cualquiera, son como finales. Así se cambia la historia.

Por mi parte, este va a ser el último partido que vi de la selección Colombia. No hay ninguna razón para poner las ilusiones en una selección de pechos fríos, hombres de carácter blando.

sábado, 27 de julio de 2024

Realismo


   Realismo uno

   En todos los idiomas y en todos los tonos se discute este concepto: realismo. Se lo confunde con naturalismo fotográfico; se lo vincula a la vulgaridad, a la pornografía, a la pobreza imaginativa; se lo opone al subjetivismo, o, quizá por considerarlo demasiado difuso y pálido, se le cuelgan cintas de colores -realismo crítico, realismo socialista, realismo mágico-, y sobre todo se lo usa como concepto para inventar novelas pésimas. Por mi parte no creo que el realismo pueda ser definido sin que sufra alguna seria mutilación y sin que ipso facto, y según quién o cómo lo defina, nos veamos obligados a expulsar del realismo, por turno, a casi todas las grandes obras realistas de la literatura universal. Si Ana Karenina es realista, el Quijote no lo es; si Balzac, no Shakespeare. Descartada la posibilidad de decretar una unidad de medida de estilo del metro de París, parece sensato admitir el siguiente hecho: cada época, cada pueblo -cada artista-, expresan su versión de la realidad: una versión historizada, subjetiva y fatalmente parcial e imaginaria. La realidad es más vasta y más cambiante, y más sorprendente, de lo que capta por lo general un profesor de estética. Vivir en Grecia, en tiempos de Homero y no hablar de dioses, coturnos alados y gigantes de un solo ojo, siendo poeta, hubiera sido una casi monstruosa mistificación de la realidad. La objeción de que gigantes y dioses no existían es harto bárbara. En principio, porque si Homero no cabe en el realismo, peor para el realismo, y luego porque la realidad -la confusa y mítica y disparatada realidad humana- admite dragones y centauros, toneles donde encerrar los vientos, y violaciones de muchachas del tamaño de un clítoris, sobre todo si uno vive en la Hélade unos mil años antes de Cristo. Y digo "sobre todo" por una especie de cortesía.
    En suma, no siendo el realismo ni una escuela ni una moda, y siendo la literatura un arte humano -sujeto sólo a las condiciones históricas y al talento de cada cual- no es difícil admitir que, incluso en una misma época, el realismo asumirá formas diversas y aun antagónicas, si se lo piensa desde realidades opuestas. Como definición, deja mucho que desear, me doy cuentas, pero tiene el modesto mérito de ser la verdad.


    Realismo dos

    El realismo bien entendido no es una escuela, ni una corriente, no otra cosa alguna por el estilo; es el único modo de hacer obras de ficción. Incluso, obras fantásticas.


Abelardo Castillo, Ser escritor   

viernes, 26 de julio de 2024

El estilo


"El estilo supone no escudarse en absoluto. El estilo supone no poner fachada en absoluto. El estilo supone una naturalidad definitiva. El estilo supone un hombre solo con miles de millones de hombres en torno."

William Wantling en su Prólogo inédito a 7 sobre el estilo  


"Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: "ahí está la ventana" que "la ventana está ahí". En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo."

Abelardo Castillo, Ser escritor  


"El hombre es el estilo". 
                                                                                 
Adolfo Pacheco Anillo, compositor vallenato  

lunes, 15 de julio de 2024

LA DECEPCIÓN COLOMBIA DE SIEMPRE


 

El invicto de la selección Colombia duró veintiocho partidos. Antes de eso, nadie daba un peso por ella. Era una selección que iba de capa caída en las eliminatorias. La mano de Néstor Lorenzo fue clave para que sus jugadores, la mayoría de ellos sin experiencia ni temple, se reorganizaran en la cancha y su juego comenzara a dar resultados positivos. El cambio de actitud fue tan drástico y milagroso que todos pensamos que la selección estaba para grandes cosas. Y así era. Pero su racha ganadora no ocultaba sus debilidades, las que al principio habían mostrado a un equipo en transición, con jugadores jóvenes que llegaban y otros ya maduros que salían.
Uno de los más "viejos" a los que, sin embargo, Néstor Lorenzo convocó, y cuya decisión fue controversial, es James Rodríguez. ¿Quién iba a pensar que un volante que venía de una intermitencia penosa y no era titular en el Sao Paulo, se fuera a convertir en el más destacado de la Copa? Nadie. James no es un jugador brillante, pero lo más valioso en él es su zurda prodigiosa y su entrega, y eso, junto con su experiencia, lo ha convertido en el capitán de la Tricolor. A su lado estaba Richard Ríos, Jefferson Lerma y John Arias, quienes tampoco son brillantes pero se les rescata su buena capacidad de juego. Los delanteros titulares, Luis Díaz y John Córdoba, venían de hacer un buen trabajo en sus clubes y sudaban la camiseta con la selección, pero como nada es perfecto, ya se sabe cuáles son sus defectos y virtudes. En cuanto a Luis Díaz, que juega en el Liverpool junto a Darwin Núñez, hay que decir que es un excelente regateador pero tiene en común con su compañero de club que se comen el 99 por ciento de los goles; Luis Díaz no es goleador y, de hecho, paradójicamente se le dificulta hacer goles. Córdoba tiene más gol que Díaz pero es como una locomotora que al avanzar parece ir a trompicones, estrellándose con los demás, y no sabe tirar buenos centros. Por otra parte, en la línea defensiva es donde está la fragilidad del equipo, a pesar de que Davinson Sánchez, Johan Mojica y Daniel Muñoz se convirtieron en unos titanes en el fondo, sobre todo Muñoz, un defensa que hace más goles que los propios delanteros. Hablo de la joya de Carlos Cuesta, el punto débil por donde los rivales han entrado como pedro por su casa.
Esta es la nómina titular. En la suplencia encontramos a los pollos Asprilla y Durán, a tipos más duchos como Quintero, Carrascal, Mina, Santi Arias, Uribe, Borré, Castaño, Sinisterra, Borja. Para ser sinceros, con excepción de Quintero, Asprilla y Carrascal, entre los suplentes no hay uno que sustituya como se debe a los titulares. Y cuando Lorenzo mete, por ejemplo, a Borré, Uribe o Castaño, los más lamentables del seleccionado, en vez de sumar lo que hacen es restar. De esos jugadores no se explica uno charadas como comerse goles cantados, en boca de jarra, o tener la virtud de hacerse invisibles en los partidos decisivos.
Los dos últimos partidos (con Uruguay y Argentina) los delanteros no estuvieron a la altura, sin contar la estupidez del defensa Muñoz al hacerse expulsar infantilmente en semifinales. No se explica cómo un equipo que resurgió de las cenizas haya llegado tan lejos para nada. No sabe uno si toda su senda de triunfos ha sido sólo cuestión de suerte o el inicio de un nuevo proyecto prometedor que más adelante terminará en los mismos sinsabores de siempre.
Perdimos la final de la Copa América 2024 con una Argentina anciana que mostró su jerarquía en todo momento y en el tiempo extra nos apuñaló la ilusión con un gol de Lautaro Martínez. Con esta, Argentina suma ya 16 Copas América, superando a Uruguay sólo por una, y se convierte en la selección más ganadora de esta copa. Colombia, por su parte, la ganó una vez en el año 2001; pero muchos dicen que es de cartón, regalada. En esa edición, debido al conflicto interno en el país donde se realizaría (Colombia), por la inseguridad no participaron Canadá ni Argentina, una de las más duras en este torneo.

martes, 11 de junio de 2024

Un Bot

10 de junio

Hoy envié a una revista literaria virtual chilena tres poemas. Poemillas. Nada importante. Puro mostroseo. Estos fueron los datos de autor que puse:

Nombre (Cartagena de Indias, Bolívar, Colombia, 1991). Estudió Lengua castellana en la UDC. Vive en Cartagena de Indias. Es aspirante a escritor. Inédito. Tiene un blog de quinta donde publica sus pajas mentales. Le gusta el realismo sucio y bizarro, pero también la alta literatura.

Qué pensarán los de la revista al ver estos datos apócrifos. Que ¿qué falta de respeto, de seriedad? O, ¿acaso le faltan dos dedos de frente a este pelmazo? En la actualidad, la era tecnológica, hay revistas virtuales que admiten este tipo de mames con la condición de que el texto sea bueno. Pero no sé qué tan seria sea esa revista, como tampoco sé qué tan aceptables estén mis escritos. Muy probablemente no los publicarán. El primer poemita está desprovisto de figuras literarias, es directo, sin rodeos de ninguna especie; el segundo trata de jugar un poco, como los ilusionistas, con la idea de que el que comienza hablando de lo que hablo en ese poema no tiene nada que decir; el tercero es demasiado inocente y blanco, sin colores, plano. Aunque he leído muchos así en revistas literarias virtuales independientes, por estas razones tal vez no los publiquen. Ya me estoy arrepintiendo de haberlos enviado. En la era de la inteligencia artificial, las revistas son reacias a publicar autores que nadie conoce y que se presentan bajo seudónimo. No venga a ser un bot. Uajajajaja... 

sábado, 1 de junio de 2024

Lawrence Block


Hace tiempo conocí a Block leyendo el libro de relatos negros titulado American Noir (antologado por Otto Penzler y James Ellroy) con su cuento Como un hueso en la garganta. Ahora no recuerdo muy bien el argumento, pero era de un asesino en serie al que dictan sentencia y desde la cárcel envía y recibe cartas de admiradoras. De ese cuento saqué una frase que me tramó desde entonces y que escribí en un pedazo de cubierta de cuaderno. Lo tengo a la vista en mi escritorio:

"Una vez en marcha, resulta sorprendentemente fácil encontrar las palabras."

Voy a escribir esta frase en un afiche grande y lo pegaré en la pared, como recomienda Carver en un texto. Es una frase atractiva, sugestiva, y debe sembrarse en el subconsciente. De Block tengo en pdf las series de novelas de Bernie Rhodenbarr y Matt Scuder, y El sicario. Aún no las he leído. Más adelante lo haré con detenimiento. Block aparece en facebook. Yo le envié la invitación de amistad y me la aceptó. No sé si sea él quien maneje sus redes. Pero suele publicar, entre otras cosas de su trabajo como escritor, imágenes de conejos, ¡rabbits, rabbits!, probablemente por su simbología.

viernes, 24 de mayo de 2024

Sobre la lectura en voz alta


"Como Plinio había explicado, las lecturas públicas del autor estaban pensadas no sólo para llevar el texto al público sino también para devolvérselo luego al autor. Sin duda, Chaucer corrigió el texto de Los cuentos de Canterbury después de sus lecturas públicas (tal vez poniendo en boca de sus peregrinos algunas de las quejas que había oído, como las del Hombre de Leyes, que encuentra pretenciosas las rimas de Chaucer). Moliere, tres siglos más tarde, acostumbraba a leer sus comedias a la criada. “Si Moliere hacía eso”, comentó el novelista inglés Samuel Butler en sus Notebooks [“Cuadernos”], “era porque el simple acto de leer su obra en voz alta le hacía verla con una nueva luz y, al obligarlo a fijar la atención en cada verso, la juzgaba con más rigor. Siempre me propongo leer en voz alta a alguien todo lo que escribo, y en general lo hago; casi cualquiera sirve, con tal de que no sea tan inteligente que me dé miedo. Cuando leo en voz alta encuentro enseguida los puntos débiles en pasajes que, cuando sólo leía para mis adentros, me parecían correctos”."

Alberto Manguel en Una historia de la lectura

Nota: leer también Manifiesto por la lectura y El infinito en un junco de Irene Vallejo, releer Manual de la lectura en voz alta de Jim Trelease. 

miércoles, 22 de mayo de 2024

Saltar al vacío



Acabo de ver un vídeo donde un joven estaba montado sobre una baranda metálica al borde de lo que parecía un puente, con la intención de suicidarse. El cielo azul de la tarde estaba encapotado de nubes grisáceas. Las pocas personas aglomeradas bajo la estructura le decían al joven que no se fuera a tirar, que pensara en su mamá, que la vida era muy bonita. Las voces tenían acento del interior de país. En la carretera se habían amontonado motos y algunos camiones. El joven miraba al vacío y agachaba la cabeza; a veces volvía el rostro hacia las personas que le decían palabras de aliento. Y yo pensando si aparecería la policía, si no lo iban a agarrar. Eso estaba algo alejado de la ciudad. El puente se extendía encima de un valle arbolado, circundado a lo lejos por una profusión de edificios y, más allá, una cadena de montañas. De pronto el joven se irguió. Tal vez se arrepienta de hacerlo, pensé. Las personas que abajo le hablaban alzaron la voz. El joven avanzó hacia delante. No sé por qué me sorprendí cuando saltó; era lo que pretendía. Guardaba la esperanza de que no lo hiciera. Pero, ¿quién soy yo para saber lo que va a pasar? 

Así acaba todo.

martes, 21 de mayo de 2024

Temprano en la madrugada


Hace unas horas llovió. No duró mucho. Yo estaba en el primer cuarto sentado ante el computador, escribiendo lo que había hecho en el día y escuchando música con los auriculares. La fuerte brisa fría que entraba por la ventana abierta me hizo dar cuenta que llovía. La lluvia no mojaba dentro porque caía contraria a la ventana. Pero recordé que en el otro cuarto también la ventana estaba abierta. Atravesé la penumbra del apartamento hasta el otro cuarto. La cama se estaba mojando y había una mancha húmeda en el centro del colchón, pero no estaba empapado. Al parecer, no hacía mucho que había empezado ha llover. Por la ventana del balcón de la sala también entraba el agua con la brisa y la cerré. Antes me había asomado. Las luces de las farolas iluminaban el pavimento de la avenida y brillaba con la humedad. Los relámpagos arañaban la oscuridad del cielo. Debí suponer que iba a llover. Fue una lluvia breve con bastante brisa.

miércoles, 15 de mayo de 2024

Recordar

Todo primer intento siempre es el último. Hay que poner el alma en cada cosa que se haga.

lunes, 13 de mayo de 2024

John Fante


Hace tiempo vengo leyendo la obra de Fante, autor muy poco leído en el mundillo literario. Llegué a él a través de Bukowski, quien conoció la fama en vida y ha tenido la suerte de ser reconocido aún después de muerto, hasta el punto de que incluso gente del común sin el exquisito hábito de la lectura lo ha leído. Fante fue su maestro, y lo recuerda en ese gran relato titulado Conozco al maestro. Un hombre que desbordaba ingenio y vitalidad con la palabra escrita. He aquí un fragmento de Camino de Los Ángeles donde el protagonista Arturo Bandini, alter ego cínico del autor, tiene una hilarante conversación con su tío:

    Después del postre las mujeres se levantaron y salieron. Mi madre cerró la puerta. Todo parecía premeditado. El tío Frank fue al grano encendiendo la pipa, apartando unos platos y apoyando los codos en la mesa. Se quitó la pipa de la boca y agitó la cazoleta bajo mi nariz. 
    —Mira, pequeño hijoputa —dijo—; no sabía que también fueras un ladrón. Sabía que eras un vago, pero por Dios bendito que no sabía que fueras un ratero. 
    —Tampoco soy un hijoputa —dije. 
    —He hablado con Romero —dijo—. Sé lo que hiciste. 
    —Te lo advierto —dije—. Con vocablos inequívocos te advierto que no vuelvas a llamarme hijoputa. 
    —Le robaste diez dólares a Romero. 
    —Tienes una osadía colosal, una presunción inusitada. No alcanzo a entender por qué te permites la libertad de ofenderme llamándome hijoputa. 
    —¡Robar a tu jefe! —dijo—. Te parecerá bonito. 
    —Te digo otra vez, y con toda sinceridad, que, a pesar de tu mayor edad y de nuestro parentesco, te prohíbo terminantemente que utilices apelativos ignominiosos como hijoputa para referirte a mí. 
    —¡Un sobrino vago y ladrón! Es asqueroso. 
    —Advierte, por favor, querido tío, que puesto que prefieres vilipendiarme llamándome hijoputa, no me queda otra alternativa que hacer hincapié en tu propia infamia. En resumen, si yo soy un hijoputa, resulta que tú eres el hermano de la puta. Chúpate ésa. 
    —Romero podría haber hecho que te detuvieran. Siento que no lo hiciese. 
    —Romero es un monstruo, un gigantesco impostor, un gusano que impone. Sus acusaciones de piratería me dan risa. No me inmutan sus estériles imputaciones. Pero he de recordarte una vez más que pongas freno a tu catálogo de obscenidades. No estoy acostumbrado a que me ofendan, ni siquiera los parientes. 
    —¡Cierra el pico, niñato! —dijo—. Estoy hablando de otra cosa. ¿Qué harás ahora? 
    —Hay miríadas de posibilidades. 
    —¡Miríadas de posibilidades! —dijo con desdén—. ¡Ésta sí que es buena! ¿De qué demontres estás hablando? ¡Miríadas de posibilidades! 
    Di unas chupadas al cigarrillo y dije: 
    —Supongo que abordaré la profesión literaria ahora que he terminado con la variedad proletaria de Romero. 
    —¿Que abordarás qué? 
    —Mis proyectos literarios. Mi prosa. Quiero proseguir mis experimentos literarios. Soy escritor, ¿sabes? 
    —¡Escritor! ¿Desde cuándo eres escritor? Eso es nuevo para mí. Sigue, ésta no la conocía. 
    —El instinto de escribir siempre ha estado latente en mí —dije—. Ahora está en proceso de metamorfosis. El periodo de transición ha terminado. Estoy en el umbral de la expresión. 
    —Manda cojones —dijo. 
    Saqué el cuaderno del bolsillo y pasé las páginas con el pulgar. Las pasé tan aprisa que no pudo leer nada, pero sí ver que había algo escrito. 
    —Son notas —dije—. Notas ambientales. Estoy escribiendo un simposio socrático sobre el puerto de Los Ángeles desde la época de la conquista española. 
    —Veámoslo —dijo. 
    —Ni hablar. Cuando esté publicado. 
    —¿Cuando esté publicado? Lo que hay que oír. 
    Me guardé el cuaderno en el bolsillo. Olía a cangrejo. 
    —¿Por qué no te animas a ser un hombre? —añadió—. Harías feliz a tu padre, allá arriba. 
    —¿Dónde? —dije. 
    —En la otra vida. 
    Lo había estado esperando. 
    —No existe la otra vida —dije—. La hipótesis celestial es mera propaganda inventada por los ricos para engañar a los pobres. Niego la inmortalidad del alma. Es la eterna ilusión de una humanidad engañada. Rechazo categóricamente la hipótesis de Dios. La religión es el opio del pueblo. Las iglesias deberían transformarse en hospitales y servicios públicos. Todo lo que somos o esperamos ser se lo debemos al diablo y a su contrabando de manzanas. Hay setenta y ocho mil contradicciones en la Biblia. ¿Es la palabra de Dios? ¡No! ¡Niego a Dios! ¡Lo acuso con coléricas e incontenibles imprecaciones! Acepto el universo ateo. ¡Soy monista! 
    —¡Lo que eres es un chiflado! —dijo—. Un obseso. 
    —No me entiendes —dije sonriendo—. Pero no pasa nada. Ya había supuesto que no lo entenderías; y esperaba los peores hostigamientos en el ínterin. No pasa nada. 
    Vació la pipa y agitó el dedo bajo mi nariz. 
    —Lo que tienes que hacer es dejar de leer esos dichosos libros, no robar, hacerte un hombre y trabajar. 
    Apagué el cigarrillo. 
    —¡Libros! —dije—. ¡Qué sabrás tú de libros! ¡Tú! Un ignaro, un Burrus Americanus, un zoquete, un torpe cobarde con menos sentido común que una comadreja. 
    Se quedó callado y llenó la pipa. No añadí nada porque era su turno. Me observó mientras pensaba la respuesta. 
    —Tengo un trabajo para ti —dijo. 
    —¿De qué? 
    —No lo sé aún. Ya veremos. 
    —Tiene que amoldarse a mis facultades. No olvides que soy escritor. Me he metamorfoseado. 
    —No me importa lo que te haya pasado. Vas a trabajar. Quizás en las fábricas de conservas. 
    —No sé nada sobre fábricas de conservas. 
    —Bueno —dijo—. Cuanto menos sepas, mejor. Sólo se necesita una espalda fuerte y una mente débil. Tú tienes las dos cosas. 
    —No me interesa el empleo —dije—. Prefiero escribir prosa. 
    —Prosa…, ¿qué es prosa? 
    —Eres un burgués conformista. Nunca conocerás la buena prosa por mucho que vivas. 
    —Debería romperte la crisma. 
    —Prueba. 
    —Pequeño cabrón. 
    —Analfabeto americano. 
    Se levantó y abandonó la mesa echando chispas por los ojos. Se dirigió a la habitación contigua y habló con mamá y con Mona, diciéndoles que habíamos llegado a un acuerdo y que iba a empezar una nueva vida. Les dio algún dinero y le dijo a mi madre que no se preocupara por nada. Fui a la puerta y cuando se fue le hice una seña de despedida con la cabeza. Mi madre y Mona me miraron a los ojos. Se figuraban que saldría de la cocina con las mejillas arrasadas de lágrimas. Mi madre me puso las manos en los hombros. Habló con suavidad y dulzura, pensando que tras la charla con el tío Frank me sentiría muy infeliz. 
    —Ha herido tus sentimientos —dijo—. ¿Verdad, pobrecito mío? 
    Le aparté los brazos. 
    —¿Quién? —dije—. ¿Ese cretino? ¡Por todos los diablos, no! 
    —Tienes cara de haber llorado. 
    Entré en el dormitorio y me miré los ojos en el espejo. Estaban tan secos como siempre. Mi madre se acercó y se puso a enjugármelos con el pañuelo. Hay que joderse, me dije. 
    —¿Puedo preguntar qué haces? 
    —¡Pobrecito mío! No pasa nada. Estás avergonzado. Lo entiendo. Las madres lo entienden todo. 
    —¡Pero si no estoy llorando! 
    Se fue decepcionada.

domingo, 12 de mayo de 2024

Vulgaridad


"En 1965, enseñé el manuscrito de La broma a un amigo, excelente historiador checo. Me reprochó con vehemencia ser vulgar, humillar la dignidad humana de Helena. Pero ¿cómo evitar la vulgaridad, esa indispensable dimensión de la existencia? El ámbito de lo vulgar se encuentra abajo, allí donde reina el cuerpo y sus necesidades. Vulgaridad: la humillante sumisión del alma al reino del abajo. La novela captó por primera vez el inmenso problema de la vulgaridad en el Ulises de James Joyce."

Milan Kundera, El arte de la novela

Neurosis

"El proceso creador no es doloroso, aunque sí es un trabajo duro. Escribir es una ocupación muy absorbente y, a veces, agotadora. Uno s...